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Se puede trabajar y estudiar al mismo tiempo

Uno de los temas que más he escuchado durante estos días es la propuesta de que el pago de las pensiones alimenticias sean hasta los 24 años del beneficiario. Me enteré que esta propuesta forma parte del proyecto de Ley Reformatorio del Código de la Niñez y Adolescencia, a través del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) y el Consejo Nacional para la Igualdad Intergeneracional (CNII). La documentación del documento fue entregada a la Asamblea Nacional.

El objetivo del MIES, según el ministro Iván Granda, es garantizar el apoyo económico de los padres a los jóvenes que estén cursando los estudios de tercer nivel, es decir los superiores o universidad. Hasta el momento ese pago ha sido hasta los 21.

Me parece absurda esa extensión hasta los 24 porque a esa edad el joven ciudadano es apto para la producción en beneficio suyo, de su familia, de la sociedad y el desarrollo del país.

¿Cómo es posible que en un mismo país un joven pueda ejercer el voto a los 16 años, pero no puede trabajar y estudiar al mismo tiempo? Y me refiero a trabajar para costearse los gastos universitarios. Es verdad que no toda empresa privada otorga permisos para estudiar e, incluso, algunas presentan trabas a la hora de contratar personal. Es cuestión de buscar la forma de conseguir los recursos. Por eso motivo a los jóvenes para que apliquen su creatividad y no se den por vencidos.

Se puede laborar de lo que sea. No necesariamente en la carrera que se está cursando. Ahora que si ese el caso, mucho mejor. Estudiar y trabajar al mismo tiempo forja el carácter. De esa forma el individuo valora más ese título por el esfuerzo que hizo para obtenerlo.

Me baso en mi propia experiencia. No siempre he sido la empresaria que hoy conocen, pues durante mi época de colegio trabajaba durante las vacaciones. Empecé desde abajo y me he desempeñado en diferentes labores.

Cuando yo me matriculé en 1972 para estudiar ingeniería comercial en la Universidad de Guayaquil ya era madre de familia y trabajaba para mantener a mis hijos. Me levantaba a las cinco de la madrugada para atender a mis vástagos antes de que ellos fueran a clases y yo a la universidad. Luego iba a la oficina y ahí hacía mis tareas sin descuidar sin descuidar mi trabajo.

Se puede trabajar y estudiar al mismo tiempo. No fui la primera ni la última en hacerlo. Por esto animo a los jóvenes de hoy, quienes están sedientos de oportunidades, a que si no tienen los recursos para estudiar no dependan de un proyecto de ley, sino que busquen la forma costearlo. Verán lo gratificante que es.

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